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La innovación es la mejor amiga de la estrategia, el liderazgo y la cultura

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Cuando hablamos de innovación, hay varios modelos de actuación en las empresas. Algunas empresas tienen un área dedicada, otras tienen un equipo vinculado al área de tecnología o incluso un equipo de desarrollo de productos. También hay organizaciones que cuentan con grandes laboratorios de investigación científica y destinan allí toda su innovación. O incluso empresas con más de un modelo.

No hay nada bueno o malo en este asunto. Existe lo que funciona para cada empresa, en función de su ambición, su actividad principal y el sector en el que opera. Pero los tres elementos fundamentales para que la innovación alcance otro nivel en las empresas son una estrategia definida, el compromiso de la alta dirección y una cultura de tolerancia al error.

La propia definición de innovación, que puede ser amplia, a menudo vinculada a la creación de nuevos productos, procesos, nuevas tecnologías y nuevos negocios, se debate constantemente en las empresas. Sin embargo, todas estas posibilidades están más relacionadas con el CÓMO que con el PORQUÉ de la innovación.

Y es aquí donde encontramos las bases para que la innovación sea efectiva en las organizaciones. El primero de los requisitos fundamentales es que esté vinculado a la estrategia de la empresa a corto, medio y largo plazo. Con la función simultánea de fortalecer el negocio, crear nuevas oportunidades y buscar, en el escenario a largo plazo, lo que podría transformar las actividades de la empresa.

Un segundo elemento fundamental está en el patrocinio de las iniciativas por parte de la cúpula de la empresa. No hay nada más eficaz para eliminar una idea que simplemente no fomentarla. El liderazgo tiene que ser el ejemplo y, más que eso, promover el tema dentro de la empresa. No es sencillo, no es fácil y lleva tiempo. Nadie gira exactamente la llave y se vuelve innovador de un día para otro. Se trata de un modelo mental diferente al habitual que hay que desarrollar. Por eso es importante que el proceso de creación de una estrategia de innovación sea compartido por toda la dirección. Esta es la mejor manera de crear sentido de pertenencia y acelerar la curva de aprendizaje en la empresa en su conjunto.

Por último, el despliegue y la comunicación deben producirse de forma clara para toda la empresa. Al igual que la estrategia de la empresa, la estrategia de innovación también debe ser difundida, abordando sus macroobjetivos, así como los caminos y procesos definidos que conducirán a ella. Es necesario crear un movimiento que anime a los empleados a participar, estimulando la generación de ideas y haciéndoles sentir parte de la construcción del futuro de la organización. En resumen, son las personas las que construirán este futuro y no las tecnologías. Por lo tanto, es fundamental considerar la cultura y la comunicación dentro de esta agenda.

Con estos ingredientes como telón de fondo, la innovación gana contornos, toma impulso y atraviesa la organización como algo tangible, objetivo y capaz de convertirse en resultados a corto, medio y largo plazo.